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Las Aventuras de Huckleberry Finn  

 

CAPÍTULO 43 - Pag 43

English version       Versión en español
THE first time I catched Tom private I asked him what was his idea, time of the evasion?—what it was he’d planned to do if the evasion worked all right and he managed to set a nigger free that was already free before? And he said, what he had planned in his head from the start, if we got Jim out all safe, was for us to run him down the river on the raft, and have adventures plumb to the mouth of the river, and then tell him about his being free, and take him back up home on a steamboat, in style, and pay him for his lost time, and write word ahead and get out all the niggers around, and have them waltz him into town with a torchlight procession and a brass-band, and then he would be a hero, and so would we. But I reckoned it was about as well the way it was.
We had Jim out of the chains in no time, and when Aunt Polly and Uncle Silas and Aunt Sally found out how good he helped the doctor nurse Tom, they made a heap of fuss over him, and fixed him up prime, and give him all he wanted to eat, and a good time, and nothing to do. And we had him up to the sick-room, and had a high talk; and Tom give Jim forty dollars for being prisoner for us so patient, and doing it up so good, and Jim was pleased most to death, and busted out, and says:
“Dah, now, Huck, what I tell you?—what I tell you up dah on Jackson islan’? I tole you I got a hairy breas’, en what’s de sign un it; en I tole you I ben rich wunst, en gwineter to be rich agin; en it’s come true; en heah she is! dah, now! doan’ talk to me—signs is signs, mine I tell you; en I knowed jis’ ‘s well ‘at I ‘uz gwineter be rich agin as I’s a-stannin’ heah dis minute!”
And then Tom he talked along and talked along, and says, le’s all three slide out of here one of these nights and get an outfit, and go for howling adventures amongst the Injuns, over in the Territory, for a couple of weeks or two; and I says, all right, that suits me, but I ain’t got no money for to buy the outfit, and I reckon I couldn’t get none from home, because it’s likely pap’s been back before now, and got it all away from Judge Thatcher and drunk it up.
“No, he hain’t,” Tom says; “it’s all there yet—six thousand dollars and more; and your pap hain’t ever been back since. Hadn’t when I come away, anyhow.”
Jim says, kind of solemn:
“He ain’t a-comin’ back no mo’, Huck.”
I says:
“Why, Jim?”
“Nemmine why, Huck—but he ain’t comin’ back no mo.”
But I kept at him; so at last he says:
“Doan’ you ‘member de house dat was float’n down de river, en dey wuz a man in dah, kivered up, en I went in en unkivered him and didn’ let you come in? Well, den, you kin git yo’ money when you wants it, kase dat wuz him.”
Tom’s most well now, and got his bullet around his neck on a watch-guard for a watch, and is always seeing what time it is, and so there ain’t nothing more to write about, and I am rotten glad of it, because if I’d a knowed what a trouble it was to make a book I wouldn’t a tackled it, and ain’t a-going to no more. But I reckon I got to light out for the Territory ahead of the rest, because Aunt Sally she’s going to adopt me and sivilize me, and I can’t stand it. I been there before.
THE END. YOURS TRULY, HUCK FINN.
      La primera vez que pude ver a Tom a solas le pregunté en qué había pensado cuando lo de la evasión, qué pensaba hacer si la evasión salía bien y lograba poner en libertad al negro que ya antes era libre. Respondió que lo que había planeado desde un principio, si lográbamos sacar a Jim y ponerlo a salvo, era seguir con él por el río en la balsa y tener montones de aventuras allí, y después decirle que era libre y llevarlo de vuelta a casa en un barco de vapor, bien fino, y pagarle por todo el tiempo que había perdido y escribir por adelantado para que todos los negros fueran a recibirlo y a llevarlo bailando al pueblo con una procesión de antorchas y una banda de música. Entonces sería un héroe y nosotros también. Pero yo calculé que ya estaba bien tal como estaban las cosas.
No tardamos nada en quitarle las cadenas a Jim, y cuando la tía Polly, el tío Silas y la tía Sally se enteraron de lo bien que había ayudado al médico a cuidar de Tom, le hicieron muchas zalemas y lo mimaron mucho y le dieron de comer todo lo que quería para que lo pasara bien y no tuviese que hacer nada. Le hicimos subir al cuarto del enfermo, donde estuvimos charlando mucho tiempo, y Tom le dio a Jim cuarenta dólares por haber hecho de prisionero con nosotros con tanta paciencia y haberlo hecho todo tan bien, y Jim casi se murió de contento y se puso a gritar:
––Vaya, Huck, ¿qué te decía? ¿Lo que te dije en la isla de Jackson? Te dije que tengo muchos pelos en el pecho y que eso es una buena señal, y te dije que había sido rico una vez y que iba a volver a ser rico otra vez, y ahora se ha cumplido, ¡míralo! ¿Te enteras? No me digas que no: las señales son señales y no lo olvides; ¡yo sabía que iba a volver a ser rico, tan seguro como que el sol sale por el Este!
Después Tom se puso a hablar y hablar y dijo que una de aquellas noches nos podíamos escapar los tres y reunir una banda en busca de aventuras estupendas entre los indios, en su territorio, durante dos semanas o tres. Yo dije que muy bien, que me iba perfectamente, pero no tenía dinero para comprarme la ropa y calculaba que no me lo iban a mandar de casa, porque probablemente padre ya habría vuelto y el juez Thatcher se lo habría dado todo y él se lo habría bebido.
––No, nada de eso ––y va y dice Tom––; ahí sigue todito: seis mil dólares y más; tu padre no volvió nunca. Por lo menos hasta que me vine yo aquí.
Jim dijo, como muy solemne:
––No va a volver más, Huck.
Y yo voy y digo:
––¿Por qué, Jim?
––No importa por qué, Huck, pero no va a volver más.
Pero yo insistí, así que al final él va y dice:
––¿No te acuerdas de aquella casa que estaba flotando río abajo y había dentro un hombre, todo tapado, y yo entré y lo destapé y no te dejé que pasaras? Bueno, pues ya puedes pedir tu dinero cuando quieras, porque era él. Tom ya está casi bien y lleva la bala colgada al cuello con una caja de reloj, y siempre mira qué hora es, así que ya no hay nada más que escribir. Yo me alegro cantidad, porque si hubiera sabido lo difícil que era escribir un libro, no me habría puesto a ello, y no pienso volver a hacerlo. Pero calculo que tengo que marcharme al territorio antes que naide, porque la tía Sally va a adoptarme y a cevilizarme, y no lo aguanto. Ya sé lo que es pasar por eso.    

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END

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